Si, estamos rodeados de poder. Tenemos el poder por todas partes, en el trabajo, en el estudio, en el ocio, en pasear por la calle. Vemos a la gente también rodeada de poder, problemas, hipotecas, letras, matrículas. El poder se impone en nosotros con hilos transparentes y nos hace creer que mirando una pantalla, gastando el dinero en cerveza, en tabaco e incluso yendo a manifestaciones somos independientes. La clave del poder que nos controla es que nos hace creer que vivimos en un mundo lleno de oportunidades que según ellos, según el estilo de vida común hoy, se traduce por libertad.
Pero… ¿es realmente concebible la oportunidad como libertad? No quiero meterme en profundizaciones teóricas e ideológicas sobre lo que significa libertad sino que hacer una pequeña apreciación para lo que luego voy a decir. Según el estilo de vida occidental, la libertad es libertad de elegir entre oportunidades QUE SE NOS OFRECEN. Estudiar A o B para que en el futuro seamos X o Y es una oportunidad que nos ofrecen para que nuestro futuro esté en nuestras manos o, al menos, eso creamos. Es cierto que una pequeña libertad se nos da, la libertad de elegir entre lo que se nos ofrece y, si no te lo paras a pensar es ciertamente toda la libertad imaginable. ¿Cómo imaginar una libertad más allá de la libertad en la que nos hemos educado y vivimos día sí día también? La libertad, hoy, es ahorrar y pagar menos en una hipoteca o comprarte un coche e hipotecarte para 60 años.
En fin, no voy a incidir más en ello puesto que es algo que cae por su propio peso. Pero no, no quiero ir por aquí. Hablaba de la libertad relacionándolo con el concepto de oportunidad. En la vida práctica, en la diaria, hemos quedado en que la oportunidad se traduce en la única libertad posible en el mundo occidental (o al menos en España, que es lo que conozco). Pero… ¿qué pasa cuando llegan momentos extraordinarios?
Después de dar tantas vueltas iré al grano. ¿Qué es oportunidad y qué es libertad en unas elecciones? Creo que en las elecciones el grado de oportunidad supera al de libertad.
El grado de libertad de unas elecciones es la misma que el de comprarse un Ford o un Renault, pero el grado de oportunidad es mayor. La oportunidad con los partidos políticos liberales y ultraliberales se mantiene en el mismo grado de libertad pues en el fondo no deja de ser una elección entre diferentes personalidades con los mismos ideales que gestionarán el poder político. Pero la cosa cambia cuando lo votable es una alternativa real. Cuándo, como en estas elecciones europeas, salen partidos como II e IA uno se da cuenta de que lo que está en juego, en cuanto a oportunidad, puede ir más allá de la libertad limitada que nos ofrecen. Es decir, el grado de oportunidad supera al de libertad. El pensar en el futuro supera el joderse en el futuro.
Cuando en unas elecciones europeas como éstas, vemos que hay partidos que nos hacen pensar en algo más allá de las mismas elecciones (en un movimiento social serio y bien organizado, alternativas serias y bien estructuradas, llamamientos a la solidaridad y el compañerismo del apoyo mutuo, etc.) uno piensa que la oportunidad es la más grande que nos han ofrecido últimamente.
No obstante, también hay que dejar claro que esta misma libertad de votar a IA o II es de hecho un “permiso” u “oportunidad” que nos da el sistema pues, lo hemos visto ya en demasiadas ocasiones, cuando la oportunidad parece demasiado seria, desde el poder se ilegaliza el partido y punto, ni oportunidades ni leches.
Creo que la oportunidad organizativa y combativa que nos ofrecen II e IA hace superar el grado normal de oportunidad.
Pero aquí surge un problema más para alguien que se cree (o creía) ser libertario. Lo de que las elecciones son un circo, un mero trámite, no sólo lo dice el anarquista sino que todo aquel que critica la democracia representativa occidental. Pero es que el problema viene cuando el anarquismo deja claro que el poder político no sirve para transformar absolutamente nada.
Y en estas elecciones, en el fondo, no se están jugando más que poderes políticos, pequeñas parcelas de poder (escenificados en escaños del parlamento europeo) que todos quieren ocupar, también IA e II. Entonces, me vendría alguien y me diría que si yo voto estoy aceptando el juego. Parece que el hecho de aceptar entrar una vez en el juego haya de hacer que eternamente entres en el juego y seas traidor de las que se te suponen como tus ideas. Es lo que tiene el principismo dominante en la izquierda actual.
Frente a esto yo casi siempre he optado por el pragmatismo (aunque lo cierto es que entre el pragmatismo y el oportunismo hay una pequeña línea) y por ello estoy pensando seriamente en votar. Se supone que tanto Iniciativa Internacionalista como Izquierda Anticapitalista harán una apuesta seria por utilizar ese potencial escaño de poder que ocupen. Además, en tanto que partidos anticapitalistas, saben que no sólo hay que luchar en el parlamento sino que también en la calle. Entonces, mi pregunta es, ¿si realmente la gente vota a II o IA (o la suma de los dos) podrá dar un paso adelante la organización seria de un frente anticapitalista? No lo se, pero quiero creer que sí.
Todos sabemos que después de las elecciones seguiremos en el entorno represivo del poder liberal y por lo tanto que nuestra vida no cambiará en absoluto. La única diferencia es que si la oportunidad que se nos ha ofrecido (yo creo que se le ha escapado al poder) es realmente un esfuerzo organizativo, pronto veremos que en la calle las cosas van cambiando poco a poco, II e IA habrán conseguido que nos unamos a algo que todavía no tendrá un rumbo definido pero que, al menos, algo será. Si no, es que nos la han metido doblada –otra vez. Si IA e II se comportan como altas esferas inaccesibles para sus propios militantes o votantes es que habremos perdido otra pequeña batallita más. En fin, de ellos depende que no desaparezcan sus propios proyectos. Por mi parte, tienen el inicial e inocente apoyo que doy a todo aquel esfuerzo unificador.